En algĂșn sentido la obra de Boltanski puede tomarse como uno de mis principales referentes. Boltanski quedarĂa inscrito en lo que Buchloh ha denominado estĂ©tica del archivo. Como Ă©l, me dedico a recuperar imĂĄgenes inconexas extraĂdas de los media, apropiarme de imĂĄgenes y objetos para rescatarlos para el arte, crĂticamente, planteando un orden distinto en un espacio distinto al de los medios. AdemĂĄs, ambos hurgamos en nuestros propios y prolijos archivos. Me interesa, como a Ă©l, la memoria individual, la pequeña historia, mostrar que todas las personas exterminadas en cualquiera de los infinitos conflictos, conforman una historia de individuos, y a eso hay que dedicar una especial forma de hacer monumento. âSolo nos quedan las utopĂas de proximidadâ afirma el artista. Nos interesamos ambos por la pequeña memoria, por la vida y la muerte despuĂ©s del genocidio, interrogarse por la nociĂłn indefinida de culpabilidad. Es en este preguntarse donde se introduce al espectador. Boltanski testimonia, pero el testimonio no se considera sĂłlo como un producto, como informaciĂłn histĂłrica, sino como un proceso. Por mi parte, intento poner el acento en la comunicaciĂłn, recreando la voz interior subjetiva del testigo. AdemĂĄs, aunque el artista no haya tomado las fotografĂas, el hecho que implica lo fotogrĂĄfico se hace presente: alguien habĂa estado allĂ, un testigo ocular que ahora pone a nuestra disposiciĂłn como espectadores los momentos pasados. Boltanski, en sus obras, obliga a un inmediato compromiso del espectador con la vĂctima, yo no aspiro a menos.
La medida de cada pieza viene determinada para que el espectador pueda relacionarse de forma Ăntima e individual con cada una, intentando huir del efectismo de la imagen a tamaño descomunal, con la intenciĂłn de primar el detalle, para intentar tejer, desde la ficciĂłn, cada historia individual. Teniendo una amplia experiencia artĂstica en el campo de la performance y de las instalaciones interactivas, este trabajo me exigĂa primar la intimidad frente al espectĂĄculo, realizar un severo esfuerzo de contenciĂłn. âTan solo cuando un observador entra en juego y decide mirar ese objeto de una u otra manera, entonces se define para Ă©l una Ășnica imagen real de dicho objeto que vale para ese momento y ese observador exclusivamente.â[1] PodrĂa añadirse siguiendo a Barthes âes porque hay siempre en ella ese signo imperioso de mi muerte futura por lo que cada foto [âŠ] nos interpela a cada uno de nosotros, por separado, al margen de toda generalidad [âŠ] necesito estar solo ante las fotos que miro.â[2]
La pieza seriada me sirve como herramienta para profundizar en los temas tratados, para hacer que los matices cobren vida propia. Trabajar en serie me provoca una falta de control sobre el resultado final, esencial para avanzar. Para empezar a trabajar es necesario elegir un nĂșmero finito de imĂĄgenes de entre la multitud que componen el archivo, â[âŠ] el asalto de las imĂĄgenes en masa es tan poderoso que amenaza con destruir la conciencia potencial de los rasgos esenciales.â[3] Cada pieza se compone de imĂĄgenes documentales e imĂĄgenes de mi archivo personal: extraĂdas de los media, realizadas ex profeso o personales.
Hasta la apariciĂłn de la fotografĂa a la plĂĄstica, la realidad se plasmaba en imĂĄgenes lentas, tomando prestado a Juan Gallego el acertado nombre[4], tanto en pintura, dibujo como escultura, ya que para obtenerlas se necesitaba un tiempo considerable, que aumentaba en funciĂłn de la precisiĂłn que se pretendiera obtener. Con la fotografĂa se puede empezar a hablar de imĂĄgenes rĂĄpidas, obtenidas de forma mucho mĂĄs veloz, con un altĂsimo grado de precisiĂłn y sin rival a la hora de reproducir la realidad. Tomo diferentes documentos analĂłgicos y los traspaso a un formato digital. Extraigo imĂĄgenes lentas de mi archivo y las introduzco en un formato fotogrĂĄfico. Planteo un cambio en mi obra pictĂłrica a partir del año 2006, de los dibujos originales a la obra digital mĂșltiple. Cambio los atributos de la unicidad y originalidad, por la uniformidad de superficie y acabado y la obra infinitamente reproducible. Me interesa en esta serie la imagen reproducible, sin los atributos de unicidad propios de la pintura, que la imagen final tenga los atributos de la infinita capacidad de la reproducciĂłn tĂ©cnica, en la Ă©poca de los genocidios tecnolĂłgicos. â[âŠ] TratĂĄndose de obras de arte, lo autĂ©ntico poseĂa un valor absoluto, casi religioso [âŠ] la fotografĂa o, de manera mĂĄs general, âla reproducciĂłn tĂ©cnica de la obra de arteâ por un lado ha hecho añicos esta jerarquĂa, y por otro, ha redefinido las rĂgidas fronteras entre original y copia.
[1] Juan Gallego, âArte, ciencia, tecnologĂa y pintura: algunos paralelismosâ en LupiĂłn, Daniel (coord.), Pensar de pintura, UCM, Madrid, 2007, p. 38
[2] Barthes, R., op. cit., p. 168
[3] Krakauer, S. citado en Buchloh, B. H. D., âEl Atlas de Gerhard Richter: el archivo anĂłmico" en FotografĂa y pintura en la obra de Gerhard Richter. Cuatro ensayos a propĂłsito del Atlas, Llibres de Recerca, MACBA, 1999., p. 159
[4] Juan Gallego, op. cit., pp. 39-40
La medida de cada pieza viene determinada para que el espectador pueda relacionarse de forma Ăntima e individual con cada una, intentando huir del efectismo de la imagen a tamaño descomunal, con la intenciĂłn de primar el detalle, para intentar tejer, desde la ficciĂłn, cada historia individual. Teniendo una amplia experiencia artĂstica en el campo de la performance y de las instalaciones interactivas, este trabajo me exigĂa primar la intimidad frente al espectĂĄculo, realizar un severo esfuerzo de contenciĂłn. âTan solo cuando un observador entra en juego y decide mirar ese objeto de una u otra manera, entonces se define para Ă©l una Ășnica imagen real de dicho objeto que vale para ese momento y ese observador exclusivamente.â[1] PodrĂa añadirse siguiendo a Barthes âes porque hay siempre en ella ese signo imperioso de mi muerte futura por lo que cada foto [âŠ] nos interpela a cada uno de nosotros, por separado, al margen de toda generalidad [âŠ] necesito estar solo ante las fotos que miro.â[2]
La pieza seriada me sirve como herramienta para profundizar en los temas tratados, para hacer que los matices cobren vida propia. Trabajar en serie me provoca una falta de control sobre el resultado final, esencial para avanzar. Para empezar a trabajar es necesario elegir un nĂșmero finito de imĂĄgenes de entre la multitud que componen el archivo, â[âŠ] el asalto de las imĂĄgenes en masa es tan poderoso que amenaza con destruir la conciencia potencial de los rasgos esenciales.â[3] Cada pieza se compone de imĂĄgenes documentales e imĂĄgenes de mi archivo personal: extraĂdas de los media, realizadas ex profeso o personales.
Hasta la apariciĂłn de la fotografĂa a la plĂĄstica, la realidad se plasmaba en imĂĄgenes lentas, tomando prestado a Juan Gallego el acertado nombre[4], tanto en pintura, dibujo como escultura, ya que para obtenerlas se necesitaba un tiempo considerable, que aumentaba en funciĂłn de la precisiĂłn que se pretendiera obtener. Con la fotografĂa se puede empezar a hablar de imĂĄgenes rĂĄpidas, obtenidas de forma mucho mĂĄs veloz, con un altĂsimo grado de precisiĂłn y sin rival a la hora de reproducir la realidad. Tomo diferentes documentos analĂłgicos y los traspaso a un formato digital. Extraigo imĂĄgenes lentas de mi archivo y las introduzco en un formato fotogrĂĄfico. Planteo un cambio en mi obra pictĂłrica a partir del año 2006, de los dibujos originales a la obra digital mĂșltiple. Cambio los atributos de la unicidad y originalidad, por la uniformidad de superficie y acabado y la obra infinitamente reproducible. Me interesa en esta serie la imagen reproducible, sin los atributos de unicidad propios de la pintura, que la imagen final tenga los atributos de la infinita capacidad de la reproducciĂłn tĂ©cnica, en la Ă©poca de los genocidios tecnolĂłgicos. â[âŠ] TratĂĄndose de obras de arte, lo autĂ©ntico poseĂa un valor absoluto, casi religioso [âŠ] la fotografĂa o, de manera mĂĄs general, âla reproducciĂłn tĂ©cnica de la obra de arteâ por un lado ha hecho añicos esta jerarquĂa, y por otro, ha redefinido las rĂgidas fronteras entre original y copia.
[1] Juan Gallego, âArte, ciencia, tecnologĂa y pintura: algunos paralelismosâ en LupiĂłn, Daniel (coord.), Pensar de pintura, UCM, Madrid, 2007, p. 38
[2] Barthes, R., op. cit., p. 168
[3] Krakauer, S. citado en Buchloh, B. H. D., âEl Atlas de Gerhard Richter: el archivo anĂłmico" en FotografĂa y pintura en la obra de Gerhard Richter. Cuatro ensayos a propĂłsito del Atlas, Llibres de Recerca, MACBA, 1999., p. 159
[4] Juan Gallego, op. cit., pp. 39-40